Los falsos imposibles

El descanso veraniego nos brinda un tiempo para desconectar -de las rutinas, de las obligaciones, de las imposiciones, con un poco de empeño, también de las redes sociales…- y al mismo tiempo, cumpliendo con esas paradojas que nos da el camino del alma, para conectar con nosotras mismas. 

Una de las cosas que quizás estés haciendo estos días es reflexionar sobre tus sueños, esas imágenes impregnadas de emoción en nuestra mente que nos impulsan a avanzar, a despertar cada día y encontrar una razón para saltar de la cama. Esos sueños que también conforman nuestro ikigai. 

Cuando pensamos en los sueños, a veces nos asalta la idea de que estos son imposibles. Ciertamente hay sueños que nos parecen muy difíciles, no acertamos a encontrar el camino de su realización, ni siquiera sabemos por dónde empezar. Nos parecen lejanos, como aquella galaxia de la epopeya de Star wars…

Pero déjame decirte algo que he averiguado sobre los sueños: cuando te alineas con el Universo, lo que parecía imposible, llega. Cuando te decides a fluir, ocurren pequeños grandes milagros. Pero nos piden una cosa en prenda: un salto de fe.

Te escucho decir : ¿cómo distingo entre sueños y fantasías? Créeme, durante décadas me he estado preguntado lo mismo. Y sigo en ello… Lo poco que he podido saber es que la línea que separa ambas cosas suele ser muy delgada… Cosas que parecían imposibles hace sólo un siglo, forman parte ahora de nuestro mundo cotidiano. Alguien lo imaginó y creyó en ello… Seguramente que un colectivo de personas lo apoyó y se hizo realidad. Otros sueños son individuales, pero el proceso es similar. Siempre hay un salto de fe, sin red, de por medio. 

Podemos abundar en este tema, si te interesa, más adelante. Ahora vengo a proponerte un pequeño ejercicio que al menos a mi me ha ayudado a ampliar mi visión sobre la posibilidad de mis sueños. 

Se trata de escribir una lista de tus “Falsos Imposibles”. Esos sueños o logros que una vez creíste que ninguna se materializarían para ti y que, sin embargo, con el tiempo, la constancia, el trabajo y quizás un poco de suerte, has visto realizados. 

Mis Falsos Imposibles

Cuando hice este ejercicio, propuesto por Héctor García y Francesc Miralles en su Método Ikigai, me sorprendí mucho al darme cuenta cuán lejos había llegado. Algunos de mis “falsos imposibles” llegaron por el trabajo y la constancia,  pero otros llegaron sin esfuerzo, a veces fruto de sincronicidades increíbles.

  • Nadar: En la escuela fue un trauma para mi enfrentarme a las clases de natación en la primera etapa de primaria y finalmente decidieron borrarme. Con nueve años me apunté a unas clases de verano con unas amigas, ayudada por el entusiasmo e ir junto a ellas a una actividad fuera de la escuela y finalmente aprendí a nadar. Una de las habilidades que más aprecio y agradezco.
  • Conducir una bicicleta: no fue hasta los nueve años también que me solté a pedalear. Antes me había dado mucho miedo coger cualquier vehículo con ruedas, incluidos los patines. Pero me fui soltando con la bicicleta de mi primo, primero poniendo los dos pies en el suelo y después retirándolos poco a poco hasta sentir mi propio equilibrio. Ahora voy cada día a trabajar en bicicleta y es otra de las cosas que agradezco más a la vida. ¡Siento que mi vibración sube cuando estoy pedaleando!
  • Acabar una carrera Universitaria: En mi familia nadie había ido a la Universidad (y tengo una familia numerosa, de unos veinte primos). Poco a poco, venciendo etapas, y tras hacer un bachillerato nocturno, entré a estudiar Diplomatura en Turismo y más tarde, con ya 30 años cumplidos y casada, Magisterio, lo que supuso dejar mi trabajo de entonces para dedicarme totalmente a un nuevo camino. 
  • Hablar japonés: cuando estudiaba Turismo, un compañero estudiaba japonés y a mi me parecía la lengua más difícil y exótica del mundo. Unos cuantos años más, me animé a apuntarme a unas clases veraniegas de cultura y primeras nociones de la lengua. Y ya voy por mi tercer año! 
  • Viajar a Japón: me parecía algo imposible, por lejanía, por el coste del viaje y por mi miedo al avión. Decidí en un momento de mi vida no muy lejano que haría las cosas a pesar del miedo, atravesándolo, para ver el tesoro al otro lado. Ahorré dinero durante dos años y finalmente pudimos viajar, el verano pasado. Ha sido sin duda el mejor viaje de mi vida.
 
¿Cuales son tus falsos imposibles? Seguro que cuentas unos cuantos si te pones un momento a pensar. Me encantará que los compartas en los comentarios.
Te deseo una feliz semana y un precioso verano!
 

Foto: Darion Queen para Unsplash

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Eterna principiante y buscadora incansable. En este lugar deseo ofrecerte herramientas para vivir la espiritualidad de forma práctica y creativa, inspiración y mucho más…

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