Un largo fin de semana

“Lo bueno que tiene el presente es que siempre estás a tiempo.”

Sergi Torres

Me dispongo a escribirte a las siete de la mañana de un sábado, en lo que va a ser un largo fin de semana. Desde ayer nos hemos confinado en casa siguiendo las directrices de las autoridades, tal y como están haciendo tantas otras personas en nuestro entorno. Se trata de evitar al máximo los contactos para detener la expansión del globalmente famoso virus Covid-19, coronavirus.

Hoy se suponía que teníamos que celebrar con las amigas de Èlia su décimo aniversario. Ayer se dio un disgusto cuando llamamos al local de realidad virtual para posponer el evento. De hecho, muchos de nuestros planes, y cuando digo nuestros digo de todos, se han visto pospuestos o cancelados estos días.

En la escuela estábamos a poco de reunirnos para las evaluaciones de trimestre. Ahora tendremos que hacerlo todo desde casa. Hace unas cuantas semanas, en una de nuestras reuniones de ciclo, una maestra nos expresaba su malestar por el ritmo que llevamos y la poca oportunidad que nos damos, a nosotras como maestras y a nuestro alumnado, para integrar de manera positiva y práctica los aprendizajes y el trabajo que hacemos. Tampoco nos hemos dado suficiente tiempo para colaborar, para cohesionarnos como equipo, perdidos en mil vicisitudes, sin escucharnos los unos a los otros, añadiendo cosas y más cosas, sin soltar nada. Su solución -que soltó como una sentencia- en aquel momento, me pareció un poco peregrina, pero a día de hoy me resulta casi un oráculo: “Creo que tendríamos que parar del todo. Quince días. Sin escuela. Pararnos a pensar, a sanear todo esto…”

Casi un mes después de esta afirmación, aquí estamos, con las escuelas canceladas, como mínimo durante quince días, en todo el Estado. Las palabras de mi compañera fueron toda una invocación. Quizás sólo fue el catalizador de algo que ya llevábamos todos en nuestro interior y que no tenía más remedio que suceder.

Esto parece ser un reset en toda regla. Un reiniciado del sistema. Creo que hay una causa global en todo esto, y digo creo porque no tengo certezas, sólo la sensación de que es así. Y me sienta bien pensarlo. Cada uno, cada una, como dice acertadamente Deb en sus podcast Oyedeb (os los recomiendo vivamente) , elige en qué creer y debería respetar lo que que creen los demás. Yo elijo creer que esto responde a algo mayor, elijo creer que es por un bien más grande, y como siempre, lo digo desde El Mundo Sencillo… Si no sabes lo que es El Mundo Sencillo, te invito a explorar más sobre él aquí y aquí.

Este confinamiento en casa parecía casi un arresto domiciliario en un primer momento. Pero opté por acceder al Mundo Sencillo y mirarlo desde otra perspectiva. Cuando fuimos a recoger a Èlia al colegio el jueves con la noticia de que se habían cancelado las clases, en el “yuhuuu” de nuestra hija interpretamos “¡Qué bien! ¡Más tiempo para hacer tic-tocs y jugar en línea con mis amigas en el móvil!” Así que hicimos una sentadilla a la hora de cenar y pactamos entre los tres (y un poco entre los cuatro, porque allí estaba Kirei, nuestra gata, intentándonos robar las sobras del plato mientras hablábamos) a qué dedicaríamos estos días en casa. Surgieron muchas ideas e hicimos una lista. Tendríamos que llevar algo así como un horario flexible, pero un horario al fin y al cabo. Y restringir el tiempo dedicado a móvil y redes sociales. Yo misma me apliqué el cuento y decreté cuarentena de Facebook y similares para ahorrarme la inútil infoxicación, término de nueva cuña con la que se denomina esa falsa información que tan sólo ha venido a envenenarnos, sin aportarnos nada más. Todo esto con la única excepción de blogs de los que soy seguidora porque elevan mi vibración y de Instagram, que prácticamente utilizo para darme un baño de belleza en imágenes y también inspiración de la buena en palabras. Estoy convencida de que si he de saber algo importante recibiré la información necesaria a tiempo por el canal adecuado. Punto.

A parte de acordar conmigo misma dedicar esos ratos de trabajo dedicados a la escuela, establecí los siguientes puntos en ese pacto. Y aunque sean personales, los comparto contigo porque quizás en ellos te puedas ver reflejada, reflejado, o puedas extraer alguna inspiración:

  • Meditar a diario.
  • Escribir: mi blog y el libro que espero acabar pronto, al que no estaba dedicando suficiente tiempo por estar ocupada en obligaciones “alimentícias” – Charuca dixit .. 😉
  • Comer más sano (y a poder ser, cocinar en familia).
  • Leer todo aquello que no he tenido tiempo de leer: libros, blogs, revistas en línea…
  • Jugar a juegos de mesa en familia.
  • Hablar con mi hermano, mis padres, que están ahora también confinados, a través de video llamada y animarles en todo lo que sea posible.
  • Disfrutar de mi gata Kirei -un angelito que me acompaña en forma de gato- y jugar más con ella.
  • Tomar el sol en mi balcón esos quince minutos diarios que nos toca directo, mientras me tomo un buen Genmai cha japonés. La vitamina D obliga.
  • Repasar japonés.
  • Hacer manualidades con mi hija, entre ellas, fabricar vestidos para muñecas con nuestra nueva máquina de coser.
  • Planificar viajes y otras actividades para más adelante.
  • Acabar de una vez el álbum fotográfico de mi viaje a Japón.
  • ¡… y no sigo porque me va a faltar otra cuarentena para acabarlo todo! Y, sinceramente, se va echar en falta pasear un ratito a pleno sol.

En definitiva, espero conectar conmigo misma y con todo lo que aprecio, con las personas más allá del contacto físico, que ahora nos están negando, y descubrir quizás un contacto que lo trasciende y nos enlaza a todos.

Esta nueva situación nos invita, casi nos empuja, a ser solidarios también. Y a tomar nuestra parte de responsabilidad en el mundo.

Dice con mucha gracia Sergi Torres, a quien menciono al principio de este post, que lo bueno que tiene el presente es que siempre estás a tiempo. El presente no es ni siquiera tiempo, es espacio. Un espacio para encontrarnos con nosotros mismos y manifestar quienes somos.

Desde lo más profundo siento que este periodo nos ha de servir para conectar con el presente. En el tiempo presente, dice Sergi, la esperanza, que siempre colocamos en el futuro, se vuelve oportunidad. Una oportunidad luminosa de ser mejores. De regresar a nuestra esencia.

Cuéntame, si lo deseas, de qué modo piensas tu pasar estos días, qué ideas se te han ocurrido para aligerar el tiempo o sacar provecho de una situación que, a priori, a todos los incomoda. Fíjate que todo esto nos saca, precisamente, de la comodidad…

Deseo de corazón que pases una feliz semana.

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Eterna principiante y buscadora incansable. En este lugar deseo ofrecerte herramientas para vivir la espiritualidad de forma práctica y creativa, inspiración y mucho más…

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